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Primer día, por los niños

Tema: La importancia del corazón (1-8)


La primera certeza que el texto nos regala es que Cristo nos amó primero. No es un amor que tengamos que ganarnos, ni un premio por buena conducta; es una realidad que nos precede y nos envuelve. Como decía san Pablo, nada podrá separarnos de ese amor (Rm 8,39). El corazón abierto de Jesús es la puerta siempre disponible para el encuentro: no nos exige un currículum espiritual, sino una apertura humilde.


Pero para acoger ese amor, es necesario volver al corazón. En un mundo que nos empuja a la prisa, al consumo y a la superficialidad, el corazón se convierte en el lugar donde descubrimos quiénes somos realmente. No se trata solo de los sentimientos, sino del centro unificador de nuestra vida, donde se fraguan las decisiones, donde razón y deseo dialogan, y donde la verdad se mide sin máscaras.


La Biblia nos recuerda que la Palabra de Dios penetra hasta las intenciones más profundas del corazón (Hb 4,12). Los discípulos de Emaús, aun llenos de desilusión, sintieron arder su corazón cuando Jesús les hablaba (Lc 24,32). Ese ardor es señal de que algo más fuerte que la tristeza y el vacío está obrando: el mismo Cristo.


El corazón también es el lugar de la sinceridad. Allí no caben las mentiras ni las apariencias, como bien ilustra la imagen de las “galletas-mentiras” de la abuela: grandes por fuera, huecas por dentro. La apariencia sin verdad es como masa inflada sin sustancia: puede impresionar por fuera, pero no alimenta.


Por eso, la invitación es clara: vigilar el corazón (Pe 4,23), cuidarlo de las falsedades, y dejar que en él broten las grandes preguntas: ¿quién soy?, ¿qué busco?, ¿para qué vivo?, ¿quién soy frente a Dios? Estas preguntas no siempre tienen respuestas inmediatas, pero nos mantienen despiertos y nos abren al amor que no decepciona.


Al final, solo un corazón verdadero puede responder a un amor verdadero. Jesús no nos llama a aparentar, sino a vivir con la verdad que nos habita, porque allí, en lo más íntimo, es donde Él nos espera para transformarnos.


Preguntas para la meditación personal

  1. ¿En qué momentos de mi vida he sentido que mi corazón “ardía” al encontrarme con la Palabra o con la presencia de Jesús?

  2. ¿Qué apariencias o “mentiras” pueden estar ocupando el lugar de la verdad en mi corazón?

  3. ¿Qué decisión o paso concreto puedo dar para cuidar mi corazón y vivir con más autenticidad ante Dios y ante los demás?


Pbro. Gregorio Agustín Nadal Zalazar. 2025, cura párroco de la Basílica Inmaculada Concepción.


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